
Madrid, 8 de diciembre.
España recuerda hoy la festividad de la Inmaculada Concepción, patrona de la Infantería Española, estrechamente ligada a un episodio decisivo de los Tercios: la Batalla de Empel, ocurrida entre la madrugada del 7 al 8 de diciembre de 1585.
La noche que cambió la historia del Tercio Español
En pleno invierno y durante la Guerra de Flandes, el Tercio Viejo de Zamora se encontraba cercado por la escuadra holandesa en la isla de Empel, en el río Mosa. Sin víveres, exhaustos y prácticamente sin esperanza, los soldados españoles cavaban posiciones defensivas cuando, durante la madrugada del 7 al 8 de diciembre, descubrieron una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción.
El hallazgo, considerado providencial por los soldados, elevó la moral de una fuerza que resistía en condiciones extremas y frente a un enemigo muy superior en número.
El “Milagro de Empel”
Horas después, ya en la mañana del 8 de diciembre de 1585, un inesperado y violento viento procedente del noroeste hizo descender bruscamente la temperatura, congelando las aguas del Mosa. Este fenómeno permitió a los Tercios avanzar sobre el hielo —algo que los holandeses consideraban imposible— y lanzar un ataque sorpresa que desbarató completamente el cerco enemigo.
El suceso fue interpretado como una intervención divina y pasó a la historia como el “Milagro de Empel”. Desde entonces, la Inmaculada Concepción fue proclamada Patrona de la Infantería Española, título que conserva hasta hoy.
Orgullo y memoria compartida
La historia de la Batalla de Empel simboliza la resistencia, la disciplina y la fe que caracterizaron a los Tercios, y continúa siendo un referente de la tradición militar española. Recordar aquel 8 de diciembre es mantener viva una parte esencial del patrimonio histórico de España y de los valores que han forjado su identidad a lo largo de los siglos.