La ministra de Defensa defendió la “solidaridad internacional” mientras el Gobierno ignoraba el caos en Paiporta y decenas de municipios valencianos. El contraste entre la ayuda a Marruecos y el abandono a los valencianos revela el cálculo político del PSOE.
Cuando la tragedia golpeó Marruecos, la ministra de Defensa Margarita Robles no dudó. En apenas unas horas, movilizó a la UME y al Ejército del Aire, organizó vuelos con ayuda humanitaria y proclamó ante las cámaras que “España va a ser solidaria con Marruecos y siempre que hay un drama y una tragedia, las Fuerzas Armadas van a estar ayudando”.
Aquel día, la ministra se mostraba dispuesta a enviar “todos los medios necesarios”. Ella misma lo dijo:
“Si fuera necesario enviar más o más medios materiales, enviaríamos lo que fuera necesario, porque todo el mundo sabe que estas primeras horas, sobre todo si hay gente bajo los escombros, son esenciales y fundamentales.”
Incluso agradeció la colaboración de la Comunidad de Madrid, que había ofrecido efectivos y material adicional.
Un despliegue rápido, decidido y lleno de gestos hacia el exterior.
Pero cuando la tragedia fue en casa, la reacción fue muy distinta
El 29 de octubre de 2024, la DANA arrasó la Comunidad Valenciana dejando más de cincuenta víctimas mortales y miles de afectados. En municipios como Paiporta, Alcàsser, Massanassa o Picaña, el agua inundó calles, viviendas y colegios.
Las familias quedaron atrapadas sin luz ni ayuda inmediata.
Y entonces, la misma Margarita Robles, ya frente a la catástrofe valenciana, pronunció unas palabras que indignaron a miles de afectados:
“El Ejército tiene una presencia disuasoria. Lo que no podemos es que en un país el Ejército haga todo, sus labores y las labores que corresponden a la administración, en este caso la administración valenciana.”
Una frase que sonó a justificación y abandono. Mientras las sirenas sonaban en las calles y los vecinos se organizaban por su cuenta, desde el Gobierno se lanzaban responsabilidades a las autonomías.
Ayuda exprés a Marruecos, silencio y excusas para Valencia
El contraste fue evidente.
Cuando el desastre ocurrió fuera de nuestras fronteras, el Gobierno actuó con rapidez, medios y recursos. Pero cuando la tragedia golpeó a los valencianos, todo se redujo a discursos, reproches y un despliegue tardío.
Mientras los aviones con bandera española despegaban rumbo a África, la UME tardó más de 24 horas en llegar a los municipios más afectados del área metropolitana de Valencia. En muchos casos, la coordinación entre el Estado, la Generalitat y los ayuntamientos fue inexistente.
El resultado fue el caos:
- Vecinos rescatando a otros vecinos.
- Calles enteras anegadas sin presencia de medios estatales.
- Puentes y carreteras cortadas durante días.
El cálculo político detrás del abandono
La prioridad fue la imagen internacional, no la respuesta nacional.
El Gobierno de Pedro Sánchez encontró en la ayuda exterior una oportunidad para reforzar su discurso diplomático, pero desatendió su obligación con los valencianos.
La gestión de Robles demostró que la solidaridad del PSOE tiene fronteras: empieza en África y se detiene antes de llegar a la Comunidad Valenciana.
España puede ayudar al mundo, sí. Pero no puede olvidar a sus propios ciudadanos cuando los necesitan.
Porque mientras en Marruecos se enviaban aviones y soldados, en Valencia se mandaban excusas y declaraciones vacías.
Conclusión
El 29 de octubre no se necesitaban discursos ni gestos de propaganda.
Se necesitaban medios, coordinación y compromiso real.
La tragedia de la DANA no solo arrasó calles y hogares, sino que dejó al descubierto la desigualdad en la respuesta del Estado según el escenario político.
Mientras Marruecos recibió ayuda inmediata, Valencia fue abandonada a su suerte.